Desde hace años, la salud, en especial la vigilancia de las afecciones más comunes en las razas caninas puras, es una de las obsesiones de las Sociedades Centrales Caninas de Escandinavia.
Suecia, el Svenska Kennel Klubben (SKK) fue la pionera en el desarrollo de un Programa de Vigilancia elaborado para que los Jueces que ofician en sus exposiciones, informasen de aquellos aspectos más relevantes y potencialmente perjudiciales para la salud de cualquier raza canina.
En poco tiempo, las Caninas de Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia se unieron a una iniciativa a la que se han sumado después las Caninas Bálticas de Estonia, Letonia y Lituania, muy relacionadas con las anteriores.
En las exposiciones celebradas en estos países, los jueces, especialmente los llegados desde otros países, reciben un briefing formativo y material escrito acerca del programa. Aquellos que juzgan alguna raza que esté en el mismo deben realizar, al término de sus juicios, un informe por escrito de lo que se han encontrado, señalando si consideran procedente que dicha raza se mantenga en el programa, si creen que se tiene que ampliar la vigilancia a otros aspectos o si piensan que se debería incluir alguna otra raza que no esté en el mismo.
Los perros «de la calle»
Ahora, las Caninas Escandinavas, conscientes de que los criadores de perros son los primeros interesados en el bienestar y la salud de sus animales, especialmente los más implicados y dedicados a sus razas, quiere ahora extender su labor de seguimiento sobre el estado de salud de un grupo muy concreto de perros: los pequeños molosos, a los perros de la calle, de propietarios de a pie, incluyendo a aquellos que tengan ejemplares sin un pedigree reconocido.
A lo largo de 2019, pretenden hacer un estudio con, al menos, un centenar de ejemplares por país de cada una de las razas Boston Terrier, Bulldog Francés, Bulldog Inglés y Carlino, por lo que cualquier propietario podrá acudir, en las fechas y lugares indicados, a someter a su perro a un examen por parte de un veterinario y un juez especialista, además de completar una encuesta sobre diferentes aspectos de la vida diaria y el estado de salud de su mascota y acceder a una toma de muestra de saliva con la que hacer un estudio genético completo.
El estudio está dirigido a ejemplares adultos, de entre 2 y 8 años y antes de Junio habrá 8 fechas disponibles en Suecia y otras tantas en Noruega, Finlandia y Dinamarca.
Los resultados de este estudio servirán para completar el trabajo realizado a lo largo de los últimos 10 años con perros «de exposición» y así tener una idea mucho más aproximada y real del estado de salud de estas razas y, de esta manera, poder abordar cualquier estrategia de futuro, siempre con la selección, la mejora y el bienestar como bandera.
Perros de terapia para aprender a leer
Los perros de terapia son algo más que animales de compañía. Para sus usuarios, los perros de terapia son sus ojos, sus manos, sus oídos en ocasiones, pero también hay perros de terapia cuya única función es algo tan fácil y a la vez tan difícil como estar ahí.
Si alucinante es la capacidad de algunos perros para percibir los estados de ánimo de personas deprimidas, la presencia de tumores en enfermos de cáncer o la bajada en los niveles de azúcar de un diabético, cuando de lo que se trata es de establecer una simple conexión afectiva, que va mucho más allá de cualquier habilidad entrenable, el asombro es aún mayor.
Algo así es lo que ocurre con los llamados “perros de lectura” y un jubilado norteamericano, Joe Turner, ha podido experimentarlo durante ocho años con su perra Emma, una Labrador Retriever negra que tuvo una etapa de cachorra y joven normal, revoltosa y curiosa, activa y llena de energía, hasta que a los dos años algo sucedió y su mundo cambió de repente. “Fue como si le desconectaran algún enchufe” – explica gráficamente su dueño.
Emma siguió desarrollando sus actividades, jugando cuando tocaba, corriendo, paseando, pero todo con un estilo diferente, como si se dedicase simplemente a observar lo que sucedía a su alrededor pero sin participar de manera directa.
Fue entonces cuando Joe leyó algo acerca de los perros de terapia utilizados para ayudar a aprender a leer a niños con Síndrome de Down, dislexia severa, autismo e incluso en programas de integración de niños inmigrantes. En estos casos, el perro se convierte en un compañero que observa y apoya, pero que no juzga ni critica, ayudando así a reforzar la autoconfianza del protolector.
Joe pensó que aquel podía ser un buen trabajo para Emma y durante 16 semanas recibió el entrenamiento adecuado hasta convertirse en una “perra de lectura”. Como dice el propio Turner “Emma no se ríe, no juzga al niño ni le critica. Es una influencia positiva”.
Emma hace su trabajo de manera impecable. Se sienta junto al lector y le observa. De vez en cuando apoya su cabeza en el regazo de este, para recibir una caricia y reforzar el contacto. No necesita más. Así lo ha venido haciendo en la Librería Pública de Princeton, así como en varios hospitales y otras instituciones sociales de su zona.
Cada lunes, invariablemente, de 4 a 5 de la tarde, Emma se sienta para escuchar a sus lectores, en turnos de 15 minutos, e incluso han solicitado su servicio personas que sin tener dificultad para leer necesitaban reforzar su confianza para hablar en público.
Gracias a un trabajo tan peculiar y al lugar donde lo ha desarrollado, en varias ocasiones a lo largo de los años Emma ha sido protagonista de reportajes televisivos e incluso de un artículo en el New York Times. Ya decíamos al principio… los perros nunca dejan de sorprendernos.